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4 Marzo 2007

Archivos Orales: Historia Viva De Una Tradición

Sociedad y Cultura

Según la Ley general de cultura el patrimonio cultural de la nación “está constituido por todos los bienes y valores culturales que son expresión de la nacionalidad colombiana, tales como la tradición, las costumbres y los hábitos, así como el conjunto de bienes inmateriales y materiales, muebles e inmuebles, que poseen un especial interés histórico, artístico, estético, plástico, arquitectónico, urbano, arqueológico, ambiental, ecológico, lingüístico, sonoro, musical, audiovisual, fílmico, científico, testimonial, documental, literario, bibliográfico, museológico, antropológico y las manifestaciones, los productos y las representaciones de la cultura popular”(Artículo 4 de la ley 397 de 1997, Ley general de cultura).

En este contexto se encuentra la tradición oral, la cual se conoce como un fenómeno que se ha convertido en uno de los medios más utilizados -a lo largo de los siglos- para transferir saberes y experiencias, el cual nace y se desarrolla en el seno de la comunidad, como una expresión espontánea que busca conservar y hacer perdurar identidades y costumbres, a partir de la generación de vínculos entre el mismo o varios grupos sociales, por medio de la transmisión en forma verbal y personal.

Por otra parte la historia oral, describe y explica la interacción social a partir de los diversos elementos que caracterizan la identidad de diversos grupos, sectores y estratos sociales, enfocando entonces la mirada del estudioso del pasado sobre una multiplicidad de temáticas y enfoques, contextualizando su entorno y evidenciando sus relaciones y costumbres.

Papel importante entonces la labor de construir una memoria colectiva del pasado, una conciencia crítica del presente y premisa operativa para el porvenir, por medio del rescate de recuerdos y experiencias de aquellos hombres y mujeres, que aportan a la consolidación y reconocimiento de nuestras raíces, herencias culturales y de elementos que hacen parte de la vida cotidiana que haciendo parte de la identificación colectiva, muchas veces no se encuentran bien documentados por otras.

De esta manera se define entonces la historia oral como “proceso académico que indaga sobre procesos recientes que son capturados como registros magnéticos o digitales, los cuales complementan o documentan los informes y estudios escritos durante el desarrollo de la investigación histórica o periodística. La historia oral se planifica y forma parte de la metodología de investigación histórica como técnica de recolección de datos; pero algunos historiadores la consideran algo mas que una técnica o una herramienta de búsqueda de información en la investigación histórica cuya técnica utilizada es la entrevista. Consideran que es imprescindible para la historia de grupos humanos sin documentos, de la historia sin tradiciones escritas” (Casilimas Rojas, Clara. Preservando la tradición oral - Creación de un Banco de la palabra en Colombia. Ponencia Seminario Colombo-Británico de la tradición oral y los archivos que la contienen. Bogotá, D.C. 23 y 24 de marzo de 2004)

Paralelamente los documentos de la historia oral se crean en un proceso y su correcta gestión depende del origen de cada pieza identificada. Por eso es importante establecer que el documento que se obtiene de la recopilación histórica es el testimonio de una entrevista o la narración incluso de una conversación entre dos personas, en la cual se debe valorar cada documento, donde se debe tener en cuenta el contenido del mismo sin importar su soporte material: cinta magnetofónica, papel, disco fonográfico, filme, grabación en alambre magnético, disco de video, cassette, transcripciones, entre otros.

Por esta razón es importante tener en cuenta que según el contenido del documento, la entidad a la cual pertenece puede decidir la restricción de acceso, a partir de un proceso de valoración documental la cual “dependerá de su origen, si es documento principal y el texto es su soporte, o si es documento anexo como prueba en un expediente de investigación lingüística, etnográfica o judicial”(Ibid. P. 6).

Es a partir de este momento que se reconoce a este “tipo de documentación” como merecedora de un tratamiento particular, no sólo por la valiosa información que contiene, sino por su formato, lo que involucra un procesamiento especial, que incluye su trascripción, traducción, análisis documental conjunto (soporte y contenido), clasificación, almacenamiento conjunto, ordenación, descripción, conservación y difusión.

Sin embargo, persiste aún la ausencia tanto de métodos, estándares, recomendaciones y herramientas dirigidos puntualmente a la gestión de estos recursos, como de las entidades que se ha preocupado por el reconocimiento y valoración de este tipo de información, teniéndose en cuenta que por ejemplo, todavía la recolección de testimonios orales no se suelen considerar tarea específica reconocida de los servicios que presta una unidad de información particular, confundiéndose muchas veces este término con la creación de centros documentales especializados.

Es por esta razón que se invita a la comunidad académica y en especial a los profesionales de la información, a reflexionar sobre el papel que tienen los archivos orales como patrimonio de la nación y fuente primaria de la historia, a partir del desarrollo de investigaciones que contribuyan a su análisis, conservación y difusión.

Adela Díaz Acuña



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